En la sociedad en la que vivimos rodeados de cada vez más veloces computadoras, móviles/celulares con tecnología 3G/4G y todo tipo de extraordinarios dispositivos electrónicos, parece que el uso de la nariz humana como método de medida preferente de los olores siguiendo la Norma UNE EN 13725 representa un paso atrás en el constante sometimiento de nuestra vida cotidiana a la electrónica. Más aún, cuando para un problema similar como es el de los “ruidos”, existe una suerte de “oídos electrónicos” que denominamos hoy en día por el nombre más conocido de “sonómetros”.
Podemos pensar que los “ruidos” son más fácilmente evaluables por un dispositivo electrónico debido a su naturaleza “física”. Al fin y al cabo los circuitos electrónicos responden a señales físicas fácilmente interpretables por ellos. Así que parece que cuando se compara con la naturaleza “química” de los olores, un dispositivo electrónico tiene las de perder, a no ser que seamos capaces de hacer una equivalencia entre un fenómeno físico y uno químico. En comparación con la nariz electrónica (NE) puede ser más fácil construir un sonómetro (otra cosa dirán los señores Brüel & Kjær), no obstante no es éste el único motivo por el que resulta tan difícil diseñar una NE.

Los desarrollos recientes en la tecnología del olor han introducido nuevos dispositivos principalmente para la vigilancia del olor. Estos sistemas se conocían anteriormente como narices electrónicas o "e-narices" (e-nose, en inglés), sin embargo, este término es incorrecto puesto que estos dispositivos no tienen el sentido del olfato, esto es una capacidad exclusiva del ser humano. Un término más correcto sería un sensor de odorantes o o-sensor. Sin embargo, en algunos casos el término "o-sensor" es algo restrictivo ya que significaría la exclusión de algunos otros instrumentos para la vigilancia y monitorización del olor tales como los cromatógrafos de gases por ejemplo.
La aplicación primaria de estos instrumentos es la generación de métricas de olor que sean indicadores relevantes para la presencia y atributos de un olor tal y como sería percibido por un grupo representativo de seres humanos.
Un beneficio de los sistemas instrumentales de vigilancia del olor es que pueden usarse para medidas en continuo.
Este estudio comenzó el 13 de Octubre de 2005 y está previsto que termine en abril del 2007. Se trata de una de las primeras experiencias con narices electrónicas en España y ha sido iniciada por la propia empresa J. Canet en colaboración con la universidad Jaume I y la “Generalitat” de Cataluña.
Tras numerosas quejas de los vecinos, la empresa decidió iniciar este estudio para determinar, entre otras cosas, si su actividad no es el único foco que puede provocar molestias por malos olores.
Las narices están distribuidas en distintas localizaciones alrededor de la actividad y el sistema se completa con una estación meteorológica. El objetivo final es colocar narices fijas para disponer de un mapa continuo de contaminación.
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